¿Es necesario un urbanismo rural?

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En el Día Mundial del Urbanismo y en el contexto español y europeo, parece que el urbanismo rural es una pregunta pertinente. La planificación urbanística y la ordenación del territorio en la cultura occidental, es una actividad que existe desde los primeros asentamientos del Creciente Fértil, entre el Ganges y el Nilo, poco después de la revolución agrícola.

Es decir, organizamos para conseguir recursos del territorio y para convivir de forma sedentaria desde hace unos cuantos miles de años. En su versión moderna, la planificación física de los asentamientos españoles, en definitiva, de nuestras ciudades y de nuestros territorios rurales, comienza a mediados del siglo pasado, con la primera Ley del Suelo de 1956-57.

La ley del suelo, el comienzo de la planificación territorial

Esta ley, y sus versiones posteriores durante el siglo XX, pretenden gestionar el crecimiento. Un crecimiento que considera algunos pilares básicos del Estado del Bienestar: allá donde se crezca, tendrá que haber calles públicas y espacio para colegios, ambulatorios, vivienda asequible, acceso al transporte público… Y, para este cometido, este instrumento ha venido siendo “eficaz” y ha ayudado a construir el sistema de áreas metropolitanas que tenemos en el país, permitiendo mejor o peor la acogida de población rural que se incorporaba a estos nuevos artefactos urbanos. 

Con el paso del tiempo, en la otra cara de la moneda, se ha producido un resultado inevitable de este proceso de acumulación es que España es el país con algunos de los territorios rurales con las densidades más bajas de la Unión Europea.  Es lógico pensar que si se acumulan población, actividades económicas y servicios en algunos lugares es a costa de desacumular en otros. Así, el mundo rural se ha descapitalizado durante los últimos 60 años.

La España rural cuenta con alguna de las densidades de población más bajas de la Unión Europea.
La España rural cuenta con alguna de las densidades de población más bajas de la Unión Europea.

Revertir este proceso y reequilibrar el territorio en su conjunto, con sus partes urbanas y rurales tomadas en consideración como un todo, significa, en definitiva, fijar o aumentar población en su parte rural. Es lo que en la actualidad conocemos en la esfera política como Reto Demográfico, que viene directamente relacionado con la idea de un urbanismo rural.

Pues bien, si la planificación urbana ha servido para que población y actividades desaparezcan de los territorios rurales. ¿Es un instrumento a utilizar todavía?

Contestar a esta pregunta ha de tener en cuenta cómo han cambiado las cosas desde 1956.  Voy a señalar dos aspectos que me parecen fundamentales.

Aspectos fundamentales del Urbanismo Rural

Sostenibilidad y adaptación frente al cambio climático

La planificación incorpora el paradigma de la sostenibilidad y de la adaptación a los efectos del cambio climático, que ya los notamos muy cercanos. La planificación actual asume que las ciudades no precisan crecer obligatoriamente. Si bien es verdad que los procesos demográficos son distintos en regiones diferentes del planeta, podemos decir que, en el contexto europeo, la regeneración de la ciudad es la clave para conseguir ciudades y territorios sostenibles.

Crecer no es aconsejable. Se podría decir, siguiendo un símil con la salud de las personas, que las ciudades hoy en día tienen el peligro de “engordar”, y ya se sabe que, al igual que a las personas, el “sobrepeso de ciudad” trae problemas de salud urbana. Las áreas urbanas se congestionan (problemas de movilidad, colapsada por el vehículo privado), tienen dificultades respiratorias (calidad del aire), dificultades en la gestión de recursos y desechos (falta agua y sobran basuras que no las devolvemos de modo eficaz a la naturaleza para que esta las incorpore en su metabolismo).

La planificación actual asume que las ciudades no precisan crecer obligatoriamente.
La planificación actual asume que las ciudades no precisan crecer obligatoriamente.

En realidad, no necesitamos seguir acumulando. Reequilibrar la ciudad, y con ella el territorio es prioritario. Sin un territorio rural con un nuevo papel (urbanismo rural) no es posible resolver los problemas de la crisis ecológica de la ciudad.

La planificación estratégica dentro del urbanismo rural

El segundo aspecto es de naturaleza instrumental. Hemos desarrollado más formas de planificación que afecta a los territorios. Entre ellas la planificación estratégica se muestra como una herramienta potente porque es capaz de organizar acciones y situarlas en el espacio y en una secuencia temporal.

La Agenda Urbana Española es un ambicioso intento en este sentido. Los planes de acción amparados por la Agenda, que pueden elaborar los municipios y otras entidades locales, permiten, en un proceso impulsado desde la sociedad civil, pensar sobre el territorio, considerando la sostenibilidad de sus servicios ecosistémicos y el interés general en la distribución de los beneficios obtenidos; facilita contar con consensos amplios entre agentes económicos locales, instituciones y sociedad civil, y por último, ayuda a reconfigurar identidades que conecten con las generaciones más jóvenes que quieren vivir donde nacieron ellos y sus mayores.

Considerando estas dos cuestiones emerge un nuevo papel para el urbanismo en territorios rurales. En concreto, la planificación urbanística encuentra así un contexto más rico para su aplicación. Ya no se trata de crecer, si no de organizar el espacio disponible para reequilibrar los territorios rurales, hacer “hueco” para fijar actividades, servicios y, en definitiva, población. He aquí una labor que hacer aterrizar en los próximos años.

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