Vivir en un pueblo: por lo menos, imagínatelo

Vivir en un pueblo no está entre nuestros sueños. Es más, no está ni en nuestra imaginación. No forma parte de nuestras expectativas (en general). No es una de las aspiraciones vitales comunes en nuestra sociedad. ¿Por qué? Porque “no se puede hacer vida social”. Porque no hay lugares de ocio “como cines, teatros o discotecas”. Porque faltan servicios básicos. Porque “no hay trabajo y tendría que conducir una hora o más hasta la oficina”. Son algunas de las respuestas más comunes.

¿Tiene más sentido vivir en un pueblo o en la ciudad?

La vida en un pueblo, imagínatela

En realidad, si lo analizamos, a parte de en el trabajo, ¿con cuántas personas distintas te ves cada día para “tomar algo”?. ¿Vas tres o cuatro días a la semana al cine o al teatro?. Además, ¿al cine vas andando?. ¿Quizás te comes media hora de metro?. ¿No podrías desplazarte con tu coche en un tiempo similar a la ciudad más cercana desde tu pueblo? Con el trabajo ocurre lo mismo. ¿No coges el coche para ir a trabajar y tardas en llegar alrededor de una hora?. Con estas preguntas busco hacerte reflexionar sobre si todo eso que dices que te hace poco apetecible vivir en un pueblo, tiene en realidad el peso que le das o te supondría algún cambio relevante.

Estamos abarrotados

Cada vez nuestra población se concentra más en las megaurbes, estando despoblado el 54% del territorio de nuestro país. Precariedad laboral, contaminación, aumento progresivo del coste de la vida, alquileres por las nubes, atascos insufribles, “¿dónde narices aparco mi coche de hace 20 años?”, etc. Son algunas de las consecuencias que
sufrimos. Nos quejamos frecuentemente de ellas. Pero parece que ni por esas se nos pasa por la cabeza alguna alternativa que conlleve vivir fuera de estas ciudades. Como mucho vivir en los municipios periféricos que son ya, de facto, parte de estas megaurbes.


¿Por qué ocurre esto? La razón principal, en mi opinión, es la aparente imposibilidad de creación de un proyecto vital que cumpla con alguno de nuestros propósitos y pasiones, fuera de las grandes ciudades. Allí se concentra el empleo, con ello el conocimiento y las personas, las redes y vida sociales. Además, por ejemplo, para ciertas etapas de la vida, como la universitaria, en la que buscas conocer muchas personas y conocerte, vivir experiencias y descubrir pasiones, la diversidad, la intensidad y las oportunidades de una gran ciudad juegan a favor de estos objetivos.

Y no te confundas, no intentaré convencerte de que te vayas a vivir en pueblo siempre(ni si quiera de que vivas alguna vez), pero sí de que en tu imaginación se ilumine la posibilidad de un proyecto vital, algún día, en un entorno diferente al de las grandes urbes. De que podamos, al menos, valorarlo.

Vivir en un pueblo: así es (o puede ser)


Imagínate levantarte a las 8:00. Desayunas tu café tranquilamente, con vistas al bosque. Sales de casa y vas andando al coworking de tu pueblo, que está a 10 minutos. A veces te acompaña tu amiga Sara, que le pilla de camino. Por la calle saludas a Rafae, que se va ya al huerto y siempre amanece con una sonrisa. Llegas a la oficina, allí están tus compañeros. Trabajas en tu proyecto de diseño gráfico para una multinacional.

Cada uno allí teletrabaja para empresas nacionales o internacionales o trabaja para un negocio local que utiliza el coworking como oficina. Algunos son “nómadas digitales”, trabajadores, generalmente extranjeros, que vienen a pasar un par de meses. Te gusta conocerles y enseñarles las maravillas de la zona. Sois 41 en total en la oficina, aunque hay 5 o 6 con los que no te llevas pero, en general, te vas a tomar el café a media mañana con un grupo de 9 con los que haces planes habitualmente. No todos son del pueblo.

A las 14:00 te vas a comer a casa, descansas una horita, y te vuelves andando al coworking. Bueno, ayer preferiste trabajar desde casa, que te dolía un poco la cabeza. A las 18:00 salisteis del coworking y os tomasteis unas cañas en el bar de al lado. A veces os quedáis a cenar. Por suerte no tienes que coger el coche para ir a casa. Mañana no podrás quedarte porque vas a ver a tu amigo Mario, que vive en otro pueblo, a 30 minutos. Por suerte se aparca bien allí y te gusta cambiar la rutina de vez en cuando.

Ocio de calidad

Otros días vas a jugar al tenis o sales en bicicleta (si no hace mucho frío). El sábado iréis al cine. Pasaréis el día en Guadalajara, que está a 1 hora, cenaréis en un restaurante nuevo y después os iréis a casa. El domingo es día de vermut a las 13:00, que te encanta. ¿Cómo te suena esta vida? ¿Se parece a la tuya?¿Algo que te guste más? El objetivo no es convertir la vida en el pueblo en la vida que tienes en las ciudades, sino en crear una
alternativa. En ampliar el abanico de posibilidades de nuestros proyectos vitales, para las diferentes etapas de nuestras vidas. No pienses solo en el problema de la despoblación como un acto de solidaridad con los pueblos, piensa en la alternativa que desaparece con este drama.

Solidarízate contigo mismo, porque te condenas a solo poder llevar tu proyecto de vida en una ciudad. Tú también reduces tus posibilidades. El mundo rural se está poniendo manos a la obra para dar a conocer todo lo que puede
ofrecer. Es el momento de los que queremos llenar de oportunidades y de vida entornos maravillosos. De los que queremos más alternativas. De los que queremos naturaleza en la puerta de casa, respirar un aire saludable, trabajar en nuestras pasiones con un salario digno y más cercanía con nuestros vecinos. Y tú, ¿te sumas a la aventura?

Es nuestro momento. Imagínatelo.

1 Comentario

  1. Antolín García

    Y si estás jubilado, ya ni te cuento.

    Responder

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