Y Atenea nos donó el Olivo de los Milagros

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Símbolo de paz, sabiduría, renacimiento, fuerza y fertilidad, el olivo siempre ha estado vinculado al misticismo, a la gloria y naturalmente a la buena mesa. Sus orígenes se sitúan entre Oriente Medio y el Mediterráneo oriental, desarrollándose hacia el oeste gracias a los navegantes árabes y fenicios primero, y a los romanos y griegos después.

Los orígenes del olivo


La historia del olivo y sus características están profundamente unidas a la historia de la humanidad. En los orígenes de este precioso líquido dorado, la historia y la mitología están estrechamente entrelazadas, hasta el punto de mezclarse.

El olivo en la mitología


En la mitología griega, una de las historias más famosas sobre el regalo del olivo a la humanidad, es la de la contienda entre Poseidón y Atenea, cuando al decidir a quién se le debía confiar la custodia de una incipiente polis, que luego sería una de las más gloriosas de la historia griega, Zeus decretó que ambos debían hacer un regalo a la ciudad.

El olivo en la lucha entre Poseidón y Atenea
El olivo en la lucha entre Poseidón y Atenea

Poseidón tocó una roca con su tridente de la que brotó un río que dio origen al caballo de batalla más poderoso jamás visto. Atenea, golpeando la roca con su lanza, hizo brotar de la tierra el primer olivo para iluminar la noche, curar las heridas y alimentar al pueblo. Zeus eligió el regalo más pacífico y Atenea se convirtió en la diosa de Atenas. Interesante es que el Partenón, el templo dedicado a Atenea, tiene a su lado otro templo más pequeño dedicado a Poseidón, para que este dios mitológico nunca olvide quién ganó la contienda.

El “culto” del olivo fue consagrado por todas las religiones desde los primeros tiempos. De hecho, fue considerado un símbolo trascendente de la espiritualidad y la sacralidad, sinónimo de fertilidad, de resistencia a los estragos del tiempo y a las guerras, símbolo de paz y valor. Con guirnaldas de olivo, se honraba a los invitados distinguidos, se bendecía a los matrimonios y se honraba a los seres queridos fallecidos. Durante las guerras, la destrucción
de los olivares enemigos era un objetivo sensible, ya que se privaban de alimentos, medicinas y combustible de un solo golpe.

En la mitología y en la religión, el olivo era un elemento natural de fuerzas purificadoras, y actualmente se considera que el cultivo del olivo se remonta al menos a 6.000 años, como confirman los relatos tradicionales, los textos religiosos y los hallazgos arqueológicos. Todavía hoy se atribuyen muchos significados místicos al olivo y, aun sin darnos cuenta, utilizamos la metáfora del aceite en muchas expresiones coloquiales.

El olivo: la planta bendita


Por lo tanto, desde el principio, el olivo y sus frutos han estado presentes en la historia de la humanidad tanto en los rituales sagrados como en la vida cotidiana. De hecho, el aceite se utilizaba no sólo para enriquecer los alimentos, sino también en los masajes y los cosméticos. En los poemas homéricos, el aceite se utilizaba para la limpieza y la higiene.

Los antiguos romanos ya clasificaban el aceite de oliva en cinco calidades: «oleum ex albis ulivis», procedente del prensado de aceitunas verdes; «oleum viride», procedente de aceitunas recogidas en un estado de maduración más avanzado; «oleum maturum», procedente de aceitunas maduras; «oleum caducum», procedente de aceitunas casi pasadas, que se destinaba a la alimentación de los esclavos.

Los romanos ya clasificaban el aceite de oliva en cinco calidades
Los romanos ya clasificaban el aceite de oliva en cinco calidades


Los numerosos utensilios para la recolección y el prensado de la aceituna, encontrados por los arqueólogos en diversas excavaciones del área mediterránea, así como varios pasos del Antiguo Testamento, de la Biblia y del Corán, demuestran la importancia histórica del fruto del olivo y del trabajo de los hombres.


En la tradición judía, cristiana y musulmana, el olivo ocupa un lugar de gran relevancia. En el Antiguo Testamento hay más de doscientas referencias al olivo y al aceite de oliva, una de las apariciones más importantes del olivo se ilustra en el Génesis (8: 8-12).

«Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra»

Génesis 8:11


Hay muchas referencias también en el Nuevo Testamento sobre el papel de esta planta en la religión cristiana. Las palabras Mesías (del hebreo) y Cristo (del griego) significan ‘ungido’ porque en la antigüedad, sólo los reyes eran ungidos con aceite.


En la tradición islámica, el olivo es el árbol por excelencia, el eje central que mueve el mundo. El olivo es la planta bendita, asociada a la luz, y el aceite de oliva alimenta las lámparas que iluminan los espacios más sagrados, como las mezquitas. El olivo está representado tanto en el Corán como en los Hadices, donde el Profeta dice: «Alimentaos de aceite de oliva y ungid vuestra piel porque este árbol es un árbol bendito».


Incluso en los albores del tercer milenio, el aceite de oliva es un producto cargado de misticismo y, sobre todo, un componente clave de la ya famosa dieta mediterránea, una alimentación cuyos beneficios para la salud son avalados por numerosos expertos.

«El mediterráneo empieza y termina donde empieza y termina el olivo…»

Francesco Serafini


Si es verdad que el Mediterráneo empieza y termina donde empieza y termina el olivo, es fácil pensar en esta maravillosa y milagrosa planta como catalizador de las culturas mediterráneas. El olivo como símbolo de paz y tolerancia, el olivo como estímulo para el intercambio cultural a través del cual podemos conocernos y reconocernos, sobre todo ahora que vivimos un periodo de la historia en el que la intolerancia y la violencia están tomando el relevo de la ética y la paz entre los hombres.


“Dice el olivar a su dueño: Lábrame y límpiame bien, y con creces te lo pagaré”

Refrán

Francesco Serafini es el Director de The Garden of Peace

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